¿Por qué odiamos hacer ejercicio? La ciencia (y la verdad) detrás de nuestra flojera
*Special episode in Spanish!
En un mundo donde los reels de gimnasio y las rutinas “milagrosas” inundan las redes, todavía hay muchísimas personas que simplemente no logran agarrarle amor al ejercicio. En el nuevo episodio de The Ana Cruz Show, Ana conversa con Génesis Veliz, campeona nacional de NCAA DII y entrenadora personal de alto rendimiento, para entender por qué cuesta tanto moverse —y cómo cambiar esa relación con el ejercicio.
Debemos de ser muy honestos con las razones detrás de nuestra resistencia a hacer ejercicio: el miedo a no ser lo suficientemente buenos, la cultura del gimnasio que muchas veces excluye, la falta de tiempo y energía, o simplemente la presión de encajar en un estándar físico imposible.
El problema no es la pereza, sino las expectativas. Hemos aprendido que “hacer ejercicio” debe verse de cierta manera, cuando en realidad se trata de encontrar el tipo de movimiento que se sienta bien para ti.
Lo que dice la ciencia: moverse o pagar el precio
Estos datos definitivamente hacen que uno abra los ojos en cuanto a la importancia de mantenerse activo:
Alrededor del 31 % de los adultos en el mundo, es decir, 1.8 mil millones de personas, no cumplen con los niveles recomendados de actividad física. (Fuente: Organización Mundial de la Salud, 2024)
La inactividad física es el cuarto factor de riesgo más alto de enfermedades no transmisibles, y contribuye a entre 3.2 y 5 millones de muertes al año.
Por otro lado, las mujeres que hacen ejercicio de manera regular tienen un 24 % menos riesgo de muerte prematura y un 36 % menos de riesgo de enfermedades cardiovasculares graves, incluso si hacen la misma cantidad de ejercicio que los hombres. (Fuente: National Heart, Lung, and Blood Institute)
Y si lo que buscas es motivación inmediata: el ejercicio mejora el ánimo, el sueño, la energía, la autoestima y la concentración. (Fuente: Mayo Clinic)
No se trata de amar el ejercicio, sino de encontrar una forma de moverte con la que sí puedas comprometerte. Aunque sea caminar 15 minutos, bailar en casa o subir las escaleras. No necesitas hacerlo perfecto, solo necesitas hacerlo.
Moverse es amor propio
La próxima vez que pienses “no tengo ganas”, recuerda: tu cuerpo no necesita perfección, solo movimiento.
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